Nunkui, la voz de una comunidad ante la especulación minera
POR: BELÉN LUCAS
13-06-2026 00:50:59

Nunkui es una película ecuatoriana de Verenice Benítez y una coproducción chilena-alemana. Narra la historia de Nunkui, una niña de la comunidad Shuar (Ecuador/Perú) que ve a su gente sufrir la especulación minera de sus tierras y sus consecuencias. La película recibió la Mención Honorífica en la categoría de Largometraje Iberoamericano de Ficción durante la 41ª edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG).
El largometraje se adentra en la comunidad Shuar, por medio de sueños premonitorios, de la presencia de la selva amazónica indisoluble de su población, de sus cantos y secretos de cultivo. Todo ello convive con la amenaza de la explotación minera del territorio. En este contexto se va forjando la adolescencia de Nunkui (Sana Maiche). La historia despliega los grises que suponen los vínculos de las comunidades indígenas del Amazonas con organismos occidentales -algunos con una influencia centenaria-, que ayudan, y a su vez, amenazan su supervivencia. Ante el peligro de perder su equilibrio político o social, los Shuar reivindican el poder silencioso de la tierra como sustento, así como la necesidad de unir las voces de toda una comunidad para su autoprotección y supervivencia.
En el marco del FICG, Encuadres tuvo oportunidad de entrevistar a la directora Verenice Benítez y la actriz Sana Maiche, quienes nos compartieron los detalles y lo que hay detrás de Nunkui.
ENCUADRES: Hay una frase en la película que dice “No hay ventajas, ni hay desventajas ante la dominación”, Se tratan los abusos de poder, pero no se cae en cuestión de malos contra buenos, incluso dentro de la población hay diferentes opiniones. Cuéntanos sobre la dominación que se ejerce en el Amazonas y cómo afecta a pueblos como el Shuar.
Verenice Benítez: Se quiere crear el personaje del buen indígena, que es tan violento como la otra mirada del maldito indígena. Los dos son la misma moneda, son seres humanos como nosotros atravesados por una violencia capitalista en esos territorios. Lo que es muy característico del pueblo Shuar es que, por la presencia histórica de los salesianos y de la Iglesia evangelista desde inicios del siglo hasta ahora, se federaron y crearon organizaciones para poder defender los territorios, porque inicialmente vivían en territorios seminómadas y no necesitaban título de propiedad para vivir. Pero tras la avanzada del Estado hacia los territorios amazónicos, se ven obligados a meterse en el mismo juego de limitación territorial y títulos para no verse despojados. También hay mucha incidencia de las empresas para destruir la organización, corromperlas y poder apoderarse del territorio.

E: Nunkui quiere estudiar y salir a la ciudad, como su hermano, pero corre el peligro de que “la corrompan”. El abuelo opina que es una mala idea. ¿Cuál es la realidad de las niñas de esta generación, que por la influencia del capitalismo quieren irse a vivir o estudiar fuera y de qué manera lo reflejan esas escenas?
VB: El abuelo (Domingo Ankuash) tiene esta dualidad: por un lado, sabe que le engañaron o que se dejó engañar y tiene un discurso claro de defensa territorial, pero también necesitan ese vínculo y aliados para poder defenderse, porque saben que solo así las culturas sobreviven, a través de los encuentros y de los intercambios.
El problema es que el encuentro es desigual. Por un lado, Domingo mandó a sus hijos a estudiar a la ciudad porque quería que fueran abogados para defender los territorios y lo que sucedió es que uno de ellos se metió en el alcoholismo y el otro casi también. Él quería que sus hijos fueran a recoger las cosas buenas que puede dar Occidente para defender su territorio, pero una vez que muchos jóvenes shuar salen a la ciudad se encuentran con mucho racismo, desventajas y desigualdad. A veces, terminan en espacios de precarización, siendo sirvientes, peones, empleadas domésticas o maltratadas. Domingo vio eso y está traumatizado, pero por otro lado, todos los jóvenes, incluida Sana (la actriz que interpreta a Nunkui, de origen shuar), quieren ese vínculo. El problema no es vincularse con Occidente porque te vas a contaminar, el problema es cómo te vinculas.
E: Sana ¿cómo te preparaste este papel o si te sientes reflejada con el personaje?
Sana Maiche: Nosotros hacíamos teatro en la comunidad desde los nueve años y como en la comunidad las niñas ya no hablan en shuar, sino solo en español, hacíamos teatro y obras con mi familia para rescatar nuestro idioma y nuestros saberes. Fue así cuando mi papi dijo que tenía un amigo de Francia que quería venir a la comunidad a grabar una película y después llegó Verenice con el equipo a hacer el casting. Fue una bonita experiencia. Desde niña ya había visto películas y me había encantado actuar.
¿Qué papel tiene en la película la fuerza marcial masculina y el de la sangre?
VB: Intenté cambiarle el sentido simbólico a la sangre. Por un lado, quería que la sangre sea vida y no muerte. La fertilidad. Para la gente la sangre es muerte y para mí, sobre todo, la sangre femenina es vida. Esto es un tema también de la cultura occidental, que a la mujer se nos ha estigmatizado tanto, que la regla incluso era enfermedad. Por otro lado, el tema masculino, que por un lado incluye mi experiencia como mujer, y por otro lado, el rol del guerrero de la cultura shuar que tenía que cuidar a su gente. Si había un guerrero muy poderoso, podía tener hasta 10 mujeres y mantenerlas. En la cultura se expresaba la violencia, pero no estigmatizada como en occidente, sino por medio de un espíritu que se llama Aruta, espíritu de la guerra.
Los Shuar pasaban por un ritual para poder tener esa fuerza masculina. Es otra manera de mirar la violencia. Cuando entraron los curas con un pensamiento muy patriarcal y machista, legitimaron la violencia masculina sobre las mujeres. Actualmente, los Shuar se abren a la cultura occidental desde la estigmatización. Si una mujer indígena se junta con un mestizo, la mayor parte de veces, el mestizo la deja porque la ve inferior; por racismo. Como hay una desestructuración de la organización social familiar, hay muchísimos casos en los cuales las mujeres crían solas a sus hijos, porque los hombres ponen su semilla y se va. Por otro lado, se ve lo bonito que puede ser criar a los nuevos entre las mujeres de la comunidad.

E: Volviendo a la fertilidad. El nombre de la película y el del personaje: Nunkui, significa “fertilidad". ¿Es la fertilidad la resistencia a todo el conflicto?
VB: Creo que están bien desvinculados, pero muy vinculados. Desvinculados en el sentido de que ninguna mujer te va a decir, yo resisto al conflicto minero metiéndome en la huerta, pero muy vinculados, porque la mujer shuar tiene sus huertas, con la cual da de comer a la familia, y el hecho de que le quiten el territorio o les expulsen, pone en peligro su supervivencia. No hay un discurso elaborado de las mujeres que deciden resistir así, pero sí hay una resistencia implícita.
La película Nunkui muestra las repercusiones de la intervención occidental en los pueblos amazónicos tradicionalmente autosustentables, como el Shuar. Benítez nos regala una mirada íntima desde el corazón de una comunidad que, en su vida diaria, siente el deber de defender y legitimar sus raíces frente a la injerencia de la economía capitalista. La historia expone el conflicto entre el sistema de valores occidental y el de la comunidad, enraizado a los recursos naturales. A su vez testifica sus consecuencias sufridas por las familias, jóvenes y niñas. La película, que cuenta con el respaldo del fondo Ibermedia, recientemente recibió la Mención de Honor en el Frauen Film Fest de Colonia y Dortmund, Alemania.

Nunkui es una película ecuatoriana de Verenice Benítez y una coproducción chilena-alemana. Narra la historia de Nunkui, una niña de la comunidad Shuar (Ecuador/Perú) que ve a su gente sufrir la especulación minera de sus tierras y sus consecuencias. La película recibió la Mención Honorífica en la categoría de Largometraje Iberoamericano de Ficción durante la 41ª edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG).
El largometraje se adentra en la comunidad Shuar, por medio de sueños premonitorios, de la presencia de la selva amazónica indisoluble de su población, de sus cantos y secretos de cultivo. Todo ello convive con la amenaza de la explotación minera del territorio. En este contexto se va forjando la adolescencia de Nunkui (Sana Maiche). La historia despliega los grises que suponen los vínculos de las comunidades indígenas del Amazonas con organismos occidentales -algunos con una influencia centenaria-, que ayudan, y a su vez, amenazan su supervivencia. Ante el peligro de perder su equilibrio político o social, los Shuar reivindican el poder silencioso de la tierra como sustento, así como la necesidad de unir las voces de toda una comunidad para su autoprotección y supervivencia.
En el marco del FICG, Encuadres tuvo oportunidad de entrevistar a la directora Verenice Benítez y la actriz Sana Maiche, quienes nos compartieron los detalles y lo que hay detrás de Nunkui.
ENCUADRES: Hay una frase en la película que dice “No hay ventajas, ni hay desventajas ante la dominación”, Se tratan los abusos de poder, pero no se cae en cuestión de malos contra buenos, incluso dentro de la población hay diferentes opiniones. Cuéntanos sobre la dominación que se ejerce en el Amazonas y cómo afecta a pueblos como el Shuar.
Verenice Benítez: Se quiere crear el personaje del buen indígena, que es tan violento como la otra mirada del maldito indígena. Los dos son la misma moneda, son seres humanos como nosotros atravesados por una violencia capitalista en esos territorios. Lo que es muy característico del pueblo Shuar es que, por la presencia histórica de los salesianos y de la Iglesia evangelista desde inicios del siglo hasta ahora, se federaron y crearon organizaciones para poder defender los territorios, porque inicialmente vivían en territorios seminómadas y no necesitaban título de propiedad para vivir. Pero tras la avanzada del Estado hacia los territorios amazónicos, se ven obligados a meterse en el mismo juego de limitación territorial y títulos para no verse despojados. También hay mucha incidencia de las empresas para destruir la organización, corromperlas y poder apoderarse del territorio.

E: Nunkui quiere estudiar y salir a la ciudad, como su hermano, pero corre el peligro de que “la corrompan”. El abuelo opina que es una mala idea. ¿Cuál es la realidad de las niñas de esta generación, que por la influencia del capitalismo quieren irse a vivir o estudiar fuera y de qué manera lo reflejan esas escenas?
VB: El abuelo (Domingo Ankuash) tiene esta dualidad: por un lado, sabe que le engañaron o que se dejó engañar y tiene un discurso claro de defensa territorial, pero también necesitan ese vínculo y aliados para poder defenderse, porque saben que solo así las culturas sobreviven, a través de los encuentros y de los intercambios.
El problema es que el encuentro es desigual. Por un lado, Domingo mandó a sus hijos a estudiar a la ciudad porque quería que fueran abogados para defender los territorios y lo que sucedió es que uno de ellos se metió en el alcoholismo y el otro casi también. Él quería que sus hijos fueran a recoger las cosas buenas que puede dar Occidente para defender su territorio, pero una vez que muchos jóvenes shuar salen a la ciudad se encuentran con mucho racismo, desventajas y desigualdad. A veces, terminan en espacios de precarización, siendo sirvientes, peones, empleadas domésticas o maltratadas. Domingo vio eso y está traumatizado, pero por otro lado, todos los jóvenes, incluida Sana (la actriz que interpreta a Nunkui, de origen shuar), quieren ese vínculo. El problema no es vincularse con Occidente porque te vas a contaminar, el problema es cómo te vinculas.
E: Sana ¿cómo te preparaste este papel o si te sientes reflejada con el personaje?
Sana Maiche: Nosotros hacíamos teatro en la comunidad desde los nueve años y como en la comunidad las niñas ya no hablan en shuar, sino solo en español, hacíamos teatro y obras con mi familia para rescatar nuestro idioma y nuestros saberes. Fue así cuando mi papi dijo que tenía un amigo de Francia que quería venir a la comunidad a grabar una película y después llegó Verenice con el equipo a hacer el casting. Fue una bonita experiencia. Desde niña ya había visto películas y me había encantado actuar.
¿Qué papel tiene en la película la fuerza marcial masculina y el de la sangre?
VB: Intenté cambiarle el sentido simbólico a la sangre. Por un lado, quería que la sangre sea vida y no muerte. La fertilidad. Para la gente la sangre es muerte y para mí, sobre todo, la sangre femenina es vida. Esto es un tema también de la cultura occidental, que a la mujer se nos ha estigmatizado tanto, que la regla incluso era enfermedad. Por otro lado, el tema masculino, que por un lado incluye mi experiencia como mujer, y por otro lado, el rol del guerrero de la cultura shuar que tenía que cuidar a su gente. Si había un guerrero muy poderoso, podía tener hasta 10 mujeres y mantenerlas. En la cultura se expresaba la violencia, pero no estigmatizada como en occidente, sino por medio de un espíritu que se llama Aruta, espíritu de la guerra.
Los Shuar pasaban por un ritual para poder tener esa fuerza masculina. Es otra manera de mirar la violencia. Cuando entraron los curas con un pensamiento muy patriarcal y machista, legitimaron la violencia masculina sobre las mujeres. Actualmente, los Shuar se abren a la cultura occidental desde la estigmatización. Si una mujer indígena se junta con un mestizo, la mayor parte de veces, el mestizo la deja porque la ve inferior; por racismo. Como hay una desestructuración de la organización social familiar, hay muchísimos casos en los cuales las mujeres crían solas a sus hijos, porque los hombres ponen su semilla y se va. Por otro lado, se ve lo bonito que puede ser criar a los nuevos entre las mujeres de la comunidad.

E: Volviendo a la fertilidad. El nombre de la película y el del personaje: Nunkui, significa “fertilidad". ¿Es la fertilidad la resistencia a todo el conflicto?
VB: Creo que están bien desvinculados, pero muy vinculados. Desvinculados en el sentido de que ninguna mujer te va a decir, yo resisto al conflicto minero metiéndome en la huerta, pero muy vinculados, porque la mujer shuar tiene sus huertas, con la cual da de comer a la familia, y el hecho de que le quiten el territorio o les expulsen, pone en peligro su supervivencia. No hay un discurso elaborado de las mujeres que deciden resistir así, pero sí hay una resistencia implícita.
La película Nunkui muestra las repercusiones de la intervención occidental en los pueblos amazónicos tradicionalmente autosustentables, como el Shuar. Benítez nos regala una mirada íntima desde el corazón de una comunidad que, en su vida diaria, siente el deber de defender y legitimar sus raíces frente a la injerencia de la economía capitalista. La historia expone el conflicto entre el sistema de valores occidental y el de la comunidad, enraizado a los recursos naturales. A su vez testifica sus consecuencias sufridas por las familias, jóvenes y niñas. La película, que cuenta con el respaldo del fondo Ibermedia, recientemente recibió la Mención de Honor en el Frauen Film Fest de Colonia y Dortmund, Alemania.







