Exterminio: el templo de los huesos: la verdadera evolución
POR: DE MONSTERMASH
22-01-2026 00:12:45

En el cine de terror y ciencia ficción no es raro que una cinta reciba pésimas críticas (o, al menos, mixtas) para que después su secuela sea bañada en merecidos elogios. Éste es el caso de Exterminio: el templo de los huesos (28 Years Later: The Bone Temple), una continuación que, aunque también se aleja de las primeras dos cintas, nutre y expande más que cualquier otra la mitología entorno a los llamados infectados.
Y es que tras el agridulce sabor que nos dejó la entrega anterior, muchos íbamos con las expectativas en el suelo, lo que ayudó todavía más a que esta cuarta parte, dirigida por Nia DaCosta (Candyman), se sintiera potencializada al 100% en todo sentido. Y créanos, no mentimos, pues esta vez la brutalidad, el sadismo, la locura y la teatralidad son más potentes que cualquier virus de la rabia.
Uno de los grandes aciertos es centrarse en la historia de los cuatro personajes más interesantes vistos en 28 Years Later: Spike (Alfie Williams), Jimmy (Jack O’Connell), Sansón (Chi Lewis-Parry) y, sobre todo, el Dr. Ian (Ralph Fiennes).
Spike y Jimmy nos regalan la parte brutal y sádica; el primero, nos enseña el debate moral y ético entre sucumbir a la violencia o mantener su humanidad, mientras que el segundo es la violencia pura y la extinción de todo sentimiento humano. En verdad que ver el proceder de Jimmy y su culto ejerciendo su retorcido sentido de la purificación harán babear hasta el más hambriento de gore.

En otra arista tenemos al alfa Sansón, un coloso que, “sin decir una sola palabra” (quienes ya la vieron saben por qué ponemos esto entre comillas) logra cautivarnos y, en esta ocasión, no por su gran virilidad, sino por mostrarnos la verdadera evolución del virus y darnos una perspectiva totalmente diferente e inesperada de lo que realmente son los infectados.
Por último, tenemos al verdadero y único protagonista encarnado por el siempre magistral Ralph Fiennes. Y es que su Dr. Ian es única y sencillamente cautivador, un personaje con el que uno sacrificaría cualquier cosa con tal de tener una charla de 5 minutos con él y hablar de lo que sea.
No es exagerado decir que el histrión carga sobre sus hombros toda la trama, ni mucho menos asegurar que nos ha entregado, ¡y por mucho!, una de las mejores escenas del año (si no es que la mejor) con una teatralidad y un performance que pondrían a rockear al mismísimo Satanás.
Es así que el que tenga entendimiento calcule el número de la bestia. Porque es un número de hombre…y su número es 6…6…6… ¡Qué tal!

En el cine de terror y ciencia ficción no es raro que una cinta reciba pésimas críticas (o, al menos, mixtas) para que después su secuela sea bañada en merecidos elogios. Éste es el caso de Exterminio: el templo de los huesos (28 Years Later: The Bone Temple), una continuación que, aunque también se aleja de las primeras dos cintas, nutre y expande más que cualquier otra la mitología entorno a los llamados infectados.
Y es que tras el agridulce sabor que nos dejó la entrega anterior, muchos íbamos con las expectativas en el suelo, lo que ayudó todavía más a que esta cuarta parte, dirigida por Nia DaCosta (Candyman), se sintiera potencializada al 100% en todo sentido. Y créanos, no mentimos, pues esta vez la brutalidad, el sadismo, la locura y la teatralidad son más potentes que cualquier virus de la rabia.
Uno de los grandes aciertos es centrarse en la historia de los cuatro personajes más interesantes vistos en 28 Years Later: Spike (Alfie Williams), Jimmy (Jack O’Connell), Sansón (Chi Lewis-Parry) y, sobre todo, el Dr. Ian (Ralph Fiennes).
Spike y Jimmy nos regalan la parte brutal y sádica; el primero, nos enseña el debate moral y ético entre sucumbir a la violencia o mantener su humanidad, mientras que el segundo es la violencia pura y la extinción de todo sentimiento humano. En verdad que ver el proceder de Jimmy y su culto ejerciendo su retorcido sentido de la purificación harán babear hasta el más hambriento de gore.

En otra arista tenemos al alfa Sansón, un coloso que, “sin decir una sola palabra” (quienes ya la vieron saben por qué ponemos esto entre comillas) logra cautivarnos y, en esta ocasión, no por su gran virilidad, sino por mostrarnos la verdadera evolución del virus y darnos una perspectiva totalmente diferente e inesperada de lo que realmente son los infectados.
Por último, tenemos al verdadero y único protagonista encarnado por el siempre magistral Ralph Fiennes. Y es que su Dr. Ian es única y sencillamente cautivador, un personaje con el que uno sacrificaría cualquier cosa con tal de tener una charla de 5 minutos con él y hablar de lo que sea.
No es exagerado decir que el histrión carga sobre sus hombros toda la trama, ni mucho menos asegurar que nos ha entregado, ¡y por mucho!, una de las mejores escenas del año (si no es que la mejor) con una teatralidad y un performance que pondrían a rockear al mismísimo Satanás.
Es así que el que tenga entendimiento calcule el número de la bestia. Porque es un número de hombre…y su número es 6…6…6… ¡Qué tal!







