Marty Supremo: Arrogancia materializada
POR: FER LOZADA
11-03-2026 15:40:35

Una de las películas nominadas este año en las categorías más importantes de los Premios Oscar, es Marty Supremo una ficción inspirada de cierta manera en un personaje real, Martin Reisman, un jugador de pingo pong que resultó ser también un gran estafador.
La historia dirigida por Josh Safdie (uno de los hermanos directores que trajeron películas como “Uncut Gems” y que recientemente se separaron para dirigir en solitario) y protagonizada por Timothée Chalamet retrata a un jugador de tenis de mesa que apunta a las grandes ligas pero más allá de ser una película aspiracional (o incluso aspiracionista) de un atleta que enfrenta grandes dificultades para alcanzar el éxito, es más bien un ensayo que presenta con todas sus letras la arrogancia materializada.
El personaje principal de la historia es Marty Mauser, un joven con un talento destacable en el ping pong, sin embargo, podríamos decir que ese es solo un atributo porque su verdadero talento y principal atractivo narrativo es la manipulación; Safdie nos presenta un arquetipo, estereotipo y fenotipo perfectamente claros en un mismo sujeto, lo que hace que la película tenga en sí misma un cimiento fuerte y auto sustentable. Pero lo realmente interesante deviene en un proceso de análisis posterior, y, es que aquí entran varios factores muy curiosos que podrían hacer que la audiencia se divida y se cuestione, ¿en qué radica el éxito de la película?
Marty Mauser es un personaje insoportable, es un hombre demasiado seguro de sí mismo al grado de poder considerarlo ególatra o narcisista, demuestra ser capaz de cosas terriblemente percibidas en la sociedad con tal de alcanzar sus metas y propósitos pero (y lo realmente interesante viene con ese nexo coordinante) es carismático y de alguna manera empatizamos con él, o, ¿nos proyectamos? Resulta que si bien, Marty es todo lo que percibimos como mal visto también es un ideal de lo que inconscientemente aspiramos a ser, seguros, determinados e incluso capaces de apagar toda empatía con tal de priorizarnos total y absolutamente; ahora, esto es solo un breve repaso sobre su personaje principal porque en realidad muchos de los elementos que conforman Marty Suprme reflejan la misma narrativa, otra pregunta es si esa constante fue premeditada o si tal vez fue un accidente que le otorga la razón a su premisa.
Utilizando al ping pong como excusa pero también como un elemento fundamental para la tensión de la subtrama la película dura alrededor de dos horas y media, es en cierto punto repetitiva e incesante en ritmo (también imitando al deporte que depicta) pero hablemos de la alegoría de estos elementos respecto a lo que transmite; la cultura de la inmediatez ha comenzado a moldear (lamentablemente) al cine al ser una industria a la par que es un arte y la películalogra ser tan arrogante como querida al igual que su personaje y lo hace a través del dominio del ritmo, se busca dejar bien establecida la personalidad y rasgos del protagonista interpretado por Chalamet durante toda la cinta, para conseguirlo se repite la fórmula una y otra vez, situación que se adapta a dar constantes estímulos a la audiencia consiguiendo mantener su atención por esos más de ciento veinte minutos (además de utilizar elementos como la música extradiegética sobreexplicativa y frecuente o la fotografía con momentos de cámara en mano muy frenéticos que otorgan un dinamismo atrayente hasta para el espectador más distraído).

Mostrar a Marty manipular todo a su alrededor a su favor y ser egoísta en pro de sus metas pero intermitentemente mostrar eventos de pseudo fracaso (y hablamos de un cuasi porque como tal el protagonista nunca acepta la derrota y la aborda de diferentes maneras, desde el berrinche hasta la pérdida de la dignidad que en este caso se utiliza como moneda de cambio para acceder a su fin) podría interpretarse curiosamente como una crítica (de nuevo, consciente o inconscientemente y según la lectura de cada espectador) directa a la cultura estadounidense desde sus peores estereotipos. La meritocracia y la idea del sueño americano están plasmadas y plagan la historia de Marty, un descendiente de migrantes judíos con un nacionalismo exacerbado internalizado, egocéntrico y aferrado a un sueño que justifica los medios para llegar a su fin.
La repetición reafirma la identidad del personaje pero al mismo tiempo se encarga de construir empatía con él, queremos verlo triunfar porque sabemos por todo lo que ha pasado e igualmente tratamos de justificarlo (en parte también es gracias a la parte encantadora del personaje, como varias personas con tendencias narcisistas, suelen tener un cierto encanto y carisma), algo muy semejante a lo que vende Estados Unidos en su narrativa política. Marty como personaje y “Marty Supreme” como película representan al gringo de alguna manera y depende cómo lo veamos es, o una sátira o un halago.
Incluso el mismo Timothée podría haber caído en el espiral del personaje ya que desde la campaña de marketing de la película se ha visto envuelto en varias polémicas no muy positivas y el porcentaje de aprobación de la gente ha decaído notablemente respecto a él desde que decidió presentarse a sí mismo de una manera mucho más confiada y determinada rayando en lo (precisamente) arrogante a pesar de en realidad tener un don y un talento real para la actuación (tal como su personaje lo tiene para el tenis de mesa).
Esta crítica no busca desprestigiar la película, al contrario, quien escribe la encuentra muy buena desde ambas perspectivas, como producto y como pieza, viéndola desde la industria y desde la creación artística, más bien busca invitar a la reflexión y a un visionado consciente, a defender al cine no solo como entretenimiento pero como un evento transgresor y reflejo socio y geopolítico a través de sus temáticas, representaciones, premisas y más; para cerrar vuelvo a la película para decir que Marty Mauser somos todos pero maximizado, personas ambiciosas, a veces inconscientes y cegados por nuestros propios deseos pero a final de cuentas humanos (y hablo del final porque aunque no vamos a desvelar nada al respecto podemos decir que si algo le da cierre a la historia y la vuelve redonda narrativamente hablando es su última secuencia).
Párrafo anexo: Las recientes acusaciones en contra del director de la película, Josh Safdie definitivamente deberían afectar el prestigio de su obra y personalmente no defiendo la impunidad de nadie por sobre su trabajo, en este texto me apego meramente a la película como un logro conjunto del equipo detrás de ella.

Una de las películas nominadas este año en las categorías más importantes de los Premios Oscar, es Marty Supremo una ficción inspirada de cierta manera en un personaje real, Martin Reisman, un jugador de pingo pong que resultó ser también un gran estafador.
La historia dirigida por Josh Safdie (uno de los hermanos directores que trajeron películas como “Uncut Gems” y que recientemente se separaron para dirigir en solitario) y protagonizada por Timothée Chalamet retrata a un jugador de tenis de mesa que apunta a las grandes ligas pero más allá de ser una película aspiracional (o incluso aspiracionista) de un atleta que enfrenta grandes dificultades para alcanzar el éxito, es más bien un ensayo que presenta con todas sus letras la arrogancia materializada.
El personaje principal de la historia es Marty Mauser, un joven con un talento destacable en el ping pong, sin embargo, podríamos decir que ese es solo un atributo porque su verdadero talento y principal atractivo narrativo es la manipulación; Safdie nos presenta un arquetipo, estereotipo y fenotipo perfectamente claros en un mismo sujeto, lo que hace que la película tenga en sí misma un cimiento fuerte y auto sustentable. Pero lo realmente interesante deviene en un proceso de análisis posterior, y, es que aquí entran varios factores muy curiosos que podrían hacer que la audiencia se divida y se cuestione, ¿en qué radica el éxito de la película?
Marty Mauser es un personaje insoportable, es un hombre demasiado seguro de sí mismo al grado de poder considerarlo ególatra o narcisista, demuestra ser capaz de cosas terriblemente percibidas en la sociedad con tal de alcanzar sus metas y propósitos pero (y lo realmente interesante viene con ese nexo coordinante) es carismático y de alguna manera empatizamos con él, o, ¿nos proyectamos? Resulta que si bien, Marty es todo lo que percibimos como mal visto también es un ideal de lo que inconscientemente aspiramos a ser, seguros, determinados e incluso capaces de apagar toda empatía con tal de priorizarnos total y absolutamente; ahora, esto es solo un breve repaso sobre su personaje principal porque en realidad muchos de los elementos que conforman Marty Suprme reflejan la misma narrativa, otra pregunta es si esa constante fue premeditada o si tal vez fue un accidente que le otorga la razón a su premisa.
Utilizando al ping pong como excusa pero también como un elemento fundamental para la tensión de la subtrama la película dura alrededor de dos horas y media, es en cierto punto repetitiva e incesante en ritmo (también imitando al deporte que depicta) pero hablemos de la alegoría de estos elementos respecto a lo que transmite; la cultura de la inmediatez ha comenzado a moldear (lamentablemente) al cine al ser una industria a la par que es un arte y la películalogra ser tan arrogante como querida al igual que su personaje y lo hace a través del dominio del ritmo, se busca dejar bien establecida la personalidad y rasgos del protagonista interpretado por Chalamet durante toda la cinta, para conseguirlo se repite la fórmula una y otra vez, situación que se adapta a dar constantes estímulos a la audiencia consiguiendo mantener su atención por esos más de ciento veinte minutos (además de utilizar elementos como la música extradiegética sobreexplicativa y frecuente o la fotografía con momentos de cámara en mano muy frenéticos que otorgan un dinamismo atrayente hasta para el espectador más distraído).

Mostrar a Marty manipular todo a su alrededor a su favor y ser egoísta en pro de sus metas pero intermitentemente mostrar eventos de pseudo fracaso (y hablamos de un cuasi porque como tal el protagonista nunca acepta la derrota y la aborda de diferentes maneras, desde el berrinche hasta la pérdida de la dignidad que en este caso se utiliza como moneda de cambio para acceder a su fin) podría interpretarse curiosamente como una crítica (de nuevo, consciente o inconscientemente y según la lectura de cada espectador) directa a la cultura estadounidense desde sus peores estereotipos. La meritocracia y la idea del sueño americano están plasmadas y plagan la historia de Marty, un descendiente de migrantes judíos con un nacionalismo exacerbado internalizado, egocéntrico y aferrado a un sueño que justifica los medios para llegar a su fin.
La repetición reafirma la identidad del personaje pero al mismo tiempo se encarga de construir empatía con él, queremos verlo triunfar porque sabemos por todo lo que ha pasado e igualmente tratamos de justificarlo (en parte también es gracias a la parte encantadora del personaje, como varias personas con tendencias narcisistas, suelen tener un cierto encanto y carisma), algo muy semejante a lo que vende Estados Unidos en su narrativa política. Marty como personaje y “Marty Supreme” como película representan al gringo de alguna manera y depende cómo lo veamos es, o una sátira o un halago.
Incluso el mismo Timothée podría haber caído en el espiral del personaje ya que desde la campaña de marketing de la película se ha visto envuelto en varias polémicas no muy positivas y el porcentaje de aprobación de la gente ha decaído notablemente respecto a él desde que decidió presentarse a sí mismo de una manera mucho más confiada y determinada rayando en lo (precisamente) arrogante a pesar de en realidad tener un don y un talento real para la actuación (tal como su personaje lo tiene para el tenis de mesa).
Esta crítica no busca desprestigiar la película, al contrario, quien escribe la encuentra muy buena desde ambas perspectivas, como producto y como pieza, viéndola desde la industria y desde la creación artística, más bien busca invitar a la reflexión y a un visionado consciente, a defender al cine no solo como entretenimiento pero como un evento transgresor y reflejo socio y geopolítico a través de sus temáticas, representaciones, premisas y más; para cerrar vuelvo a la película para decir que Marty Mauser somos todos pero maximizado, personas ambiciosas, a veces inconscientes y cegados por nuestros propios deseos pero a final de cuentas humanos (y hablo del final porque aunque no vamos a desvelar nada al respecto podemos decir que si algo le da cierre a la historia y la vuelve redonda narrativamente hablando es su última secuencia).
Párrafo anexo: Las recientes acusaciones en contra del director de la película, Josh Safdie definitivamente deberían afectar el prestigio de su obra y personalmente no defiendo la impunidad de nadie por sobre su trabajo, en este texto me apego meramente a la película como un logro conjunto del equipo detrás de ella.







