Sin Piedad, echar mano de la inteligencia artificial no basta
POR: ALEX VANSS
23-01-2026 12:58:03

Ponerle conceptos tecnológicos a tu película no la hace innovadora ni arriesgada, ni fresca, ni nada de esas cosas que los ejecutivos y productores de la tercera edad creen cuando hablan de Inteligencia Artificial (IA), me recuerdan a cierto directivo de la extinta Notimex que en su mente creía que ponerle 2.0 a todo era crear algo “nuevo”… ese es el gran problema de Sin Piedad, una película de fórmula que cree que adoptar la inteligencia artificial como elemento narrativo le dota de frescura, ¡por Dios!, Terminator lo hizo hace 40 años y lo hizo infinitamente mejor.
El gran problema con el cine hollywoodense es que cree fervientemente que la audiencia global es igual de estúpida que la audiencia norteamericana que ama los realities shows y consume cualquier cosa que les den, pero no, en otros países hay públicos más exigentes que no le comen el cuento de la innovación solo porque usas un término que en los últimos tiempos ha generado roncha.
Sin Piedad está ambientada en el año 2029 en Los Ángeles, California, cuando después de varias revueltas sociales que derivaron en fuertes represiones, a alguien se le ocurrió - quizá era un CEO de un estudio - que sería buena idea crear una IA que juzgara y castigara a los detenidos. Así llegamos al Detective Chris Raven, quien es acusado de asesinar a su esposa por lo que el sistema le dará 90 minutos para comprobar su inocencia, de no ser así, dada la gravedad de su delito la IA lo pondrá a dormir cual perrito viejito en veterinaria.
Lo interesante del caso es que el Detective no es cualquier agente de la ley, es el detective que puso al primer “maloso” en la silla de la Jueza IA iniciando así el plan de pacificación de la ciudad californiana.
Pero fuera de la IA como un elemento narrativo más, Sin Piedad es la típica película policíaca donde el protagonista tiene que limpiar su nombre y descubrir quién mató a su esposa y cobrar venganza ayudado por una inteligencia artificial que tiene accesso total a la vida de las personas, sus teléfonos, computadoras, registros, chats, historiales de navegación en internet, cámaras en tiempo real y todo lo que uno se pueda imaginar en un mundo sin privacidad.

Tal vez lo único positivo de Sin Piedad, más allá de su premisa, es que como cualquier película que entra en el mundo de la ciencia ficción, nos invita a reflexionar de los peligros y bondades de la tecnología, en este caso, de la inteligencia artificial, esa que ha sido tan satanizada al punto de olvidar, como el filme lo muestra, que el mal uso, ya sea desde su concepción o aprovechamiento, es de los seres humanos.
Somos los humanos en nuestra ambivalencia, los encargados de crear las cosas más bellas y las más atroces, en el caso de Sin Piedad vemos cómo alguien consideró que juzgar los hechos era el único requisito para que una inteligencia artificial pudiera determinar si eres culpable o inocente pero como siempre lo vemos en el scifi, el factor humano no puede salir de la ecuación pues somos seres subjetivos, no somos blanco o negro, somos un cúmulo de escalas de grises y contradicciones sin igual y eso no se puede juzgar.
De alguna forma esos conceptos los vemos en Sin Piedad, sin embargo, la resolución de la película es tan gratuita que perdemos de vista que no es que la Juez IA quiera exterminar a cualquiera que se siente en su silla, es que el hecho de no ser un humano le impide ver que detrás de hechos casi irrefutables se encuentran engaños, elucubraciones motivadas por razones pasionales que solo buscan la venganza.
Al final, Sin Piedad es una película que se pierde entre secuencias de acción que no impactan, una narrativa vista hasta el cansancio, diálogos meh, una inteligencia artificial no tan inteligente y un 3D malogrado que impide disfrutar la película, porque aunque la recomendación es verla en este formato para aprovechar la supuesta interactividad de la IA con el juzgado, lo cierto es que NO funciona, sorry not sorry.

Ponerle conceptos tecnológicos a tu película no la hace innovadora ni arriesgada, ni fresca, ni nada de esas cosas que los ejecutivos y productores de la tercera edad creen cuando hablan de Inteligencia Artificial (IA), me recuerdan a cierto directivo de la extinta Notimex que en su mente creía que ponerle 2.0 a todo era crear algo “nuevo”… ese es el gran problema de Sin Piedad, una película de fórmula que cree que adoptar la inteligencia artificial como elemento narrativo le dota de frescura, ¡por Dios!, Terminator lo hizo hace 40 años y lo hizo infinitamente mejor.
El gran problema con el cine hollywoodense es que cree fervientemente que la audiencia global es igual de estúpida que la audiencia norteamericana que ama los realities shows y consume cualquier cosa que les den, pero no, en otros países hay públicos más exigentes que no le comen el cuento de la innovación solo porque usas un término que en los últimos tiempos ha generado roncha.
Sin Piedad está ambientada en el año 2029 en Los Ángeles, California, cuando después de varias revueltas sociales que derivaron en fuertes represiones, a alguien se le ocurrió - quizá era un CEO de un estudio - que sería buena idea crear una IA que juzgara y castigara a los detenidos. Así llegamos al Detective Chris Raven, quien es acusado de asesinar a su esposa por lo que el sistema le dará 90 minutos para comprobar su inocencia, de no ser así, dada la gravedad de su delito la IA lo pondrá a dormir cual perrito viejito en veterinaria.
Lo interesante del caso es que el Detective no es cualquier agente de la ley, es el detective que puso al primer “maloso” en la silla de la Jueza IA iniciando así el plan de pacificación de la ciudad californiana.
Pero fuera de la IA como un elemento narrativo más, Sin Piedad es la típica película policíaca donde el protagonista tiene que limpiar su nombre y descubrir quién mató a su esposa y cobrar venganza ayudado por una inteligencia artificial que tiene accesso total a la vida de las personas, sus teléfonos, computadoras, registros, chats, historiales de navegación en internet, cámaras en tiempo real y todo lo que uno se pueda imaginar en un mundo sin privacidad.

Tal vez lo único positivo de Sin Piedad, más allá de su premisa, es que como cualquier película que entra en el mundo de la ciencia ficción, nos invita a reflexionar de los peligros y bondades de la tecnología, en este caso, de la inteligencia artificial, esa que ha sido tan satanizada al punto de olvidar, como el filme lo muestra, que el mal uso, ya sea desde su concepción o aprovechamiento, es de los seres humanos.
Somos los humanos en nuestra ambivalencia, los encargados de crear las cosas más bellas y las más atroces, en el caso de Sin Piedad vemos cómo alguien consideró que juzgar los hechos era el único requisito para que una inteligencia artificial pudiera determinar si eres culpable o inocente pero como siempre lo vemos en el scifi, el factor humano no puede salir de la ecuación pues somos seres subjetivos, no somos blanco o negro, somos un cúmulo de escalas de grises y contradicciones sin igual y eso no se puede juzgar.
De alguna forma esos conceptos los vemos en Sin Piedad, sin embargo, la resolución de la película es tan gratuita que perdemos de vista que no es que la Juez IA quiera exterminar a cualquiera que se siente en su silla, es que el hecho de no ser un humano le impide ver que detrás de hechos casi irrefutables se encuentran engaños, elucubraciones motivadas por razones pasionales que solo buscan la venganza.
Al final, Sin Piedad es una película que se pierde entre secuencias de acción que no impactan, una narrativa vista hasta el cansancio, diálogos meh, una inteligencia artificial no tan inteligente y un 3D malogrado que impide disfrutar la película, porque aunque la recomendación es verla en este formato para aprovechar la supuesta interactividad de la IA con el juzgado, lo cierto es que NO funciona, sorry not sorry.







